La Explotación Infantil

Explotación Infantil

Desde hace 20 años, cada 16 de abril se conmemora el Día Mundial contra la Esclavitud Infantil en honor a la memoria del niño pakistaní Iqbal Masih, quien empezó a trabajar a los cuatro años de edad y fue asesinado un día como hoy de 1995, cuando solo contaba 12 años de edad. Desde el Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) se indica que “es difícil determinar qué se entiende por esclavitud infantil”. Según la propia organización, los principales sectores de explotación de niños y niñas son el matrimonio infantil, la utilización de niños como jinetes de camellos, los niños soldados, los esclavos sexuales y trabajos en condiciones duras y peligrosas (sector rural, industria, servicio doméstico, servicios y trabajo en la calle). Todas estas actividades realizadas por niños y niñas en edades que van desde los 5 hasta los 18 años.



La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que actualmente unos 168 millones de niños son víctimas de trabajo infantil en el mundo, de los cuales 85 millones de ellos sufren las peores formas de trabajo infantil. Asimismo, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) indica en su último informe que la población infantil representaba en 2013 casi una tercera parte de todas las víctimas de trata de personas en el mundo (20% niñas y 8% niños). Una cifra que ha aumentado alarmantemente respecto a las cifras de 2004, donde existía un 13% del total (10% niñas y 3% niños). Por regiones, en África subsahariana y América Central y el Caribe, los niños y niñas suponen más del 60% de todas las víctimas expuestas a sufrir algún tipo de explotación. Las mujeres y niñas son explotadas principalmente para matrimonios forzados y esclavitud sexual, mientras que los hombres y niños son captados en su mayoría para trabajos forzosos en distintos sectores.



Almudena Olaguibel, especialista de políticas de Infancia en UNICEF, señala que “la mayoría de los niños que trabajan en condiciones penosas, lo hacen en el sector de la agricultura (59%). Las tareas oscilan entre sembrar, cosechar, manejar pesticidas y cuidar del ganado. El 11% lo hacen en el sector de la industria (talleres, minas, canteras y en la construcción)”. Además, destaca que “estos datos son de sectores legales. La explotación sexual, en sus distintos tipos como la pornografía infantil o el turismo sexual, que mueve millones de euros, está escondida”.



El que todavía en pleno siglo XXI existan este tipo de explotaciones se debe, en opinión de Olaguibel, a que “los niños constituyen una mano de obra barata y, para algunas actividades, su pequeño tamaño o ligereza los hacen muy valiosos (minería, manufactura). El caso de la esclavitud sexual es muy especial”, prosigue la especialista de políticas de Infancia en UNICEF, “pues aunque suele estar prohibido expresamente en casi todos los países del mundo, la ley de la oferta y la demanda hace que esté aumentando el número de niños y niñas víctimas de este tipo de explotación”. Además, añade Olaguibel, “hay muchas formas de acceder a estos menores para explotarlos, como son las nuevas tecnologías o los viajes turísticos, que hacen que aumente la demanda de niños y niñas”.



Una lacra, la esclavitud infantil en cualquiera de sus formas, sobre la que los países industrializados o desarrollados parecen no darse cuenta de su existencia o sobre la que, sencillamente, hacen la vista gorda. Amparo Medina, responsable para temas a nivel global de Save the Children, indica que “se trata de una realidad poco visibilizada; pero el no saber no puede venir motivado por él prefiero no saber, por lo que es indispensable que las políticas públicas incluyan campañas dirigidas a sensibilizar en este sentido”. Por ello, para conseguir su erradicación en cualquiera de sus formas: bien sea exploración laboral, explotación sexual infantil, trata de menores, esclavos domésticos, utilización de niños soldados. Es fundamental, en opinión de Medina, “articular el trabajo en los ámbitos en los que se desarrolla la esclavitud infantil: trabajo con las familias para amentar los ingresos económicos de las mismas; cambio de patrones sociales y culturales de tolerancia hacia la violencia y la explotación de niñas y niños; fortalecimiento de los gobiernos para identificar, prevenir y atender los casos de explotación infantil en los países, o promover y facilitar el acceso de los niños a la educación”.